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¡Me llenó el corazón de alegría recibirlo!
Este vídeo mensaje es el resultado de un buen trabajo de acompañamiento.

No siempre es fácil, y a veces, incluso con la mejor intención, no se consigue.

Acompañar a alguien que te pregunta sobre qué decisiones tomar, qué aspectos mejorar, cómo ser mejor, cómo vivir mejor, es para mí una gran responsabilidad.

Las personas que vienen a pedir “ayuda, consejo, guía, apoyo, etc.” entregan un tesoro personal.

Entregan su intimidad, su fragilidad, su vulnerabilidad, su confianza y su esperanza.

¿Tú también te dedicas a ayudar a los demás? ¿A acompañarles en su bienestar, crecimiento, terapia o desarrollo?

En las etapas iniciales, especialmente, seguro que te has preguntado miles de veces:

¿De qué depende hacer un buen trabajo?

¿Tiene que ver con la formación?, ¿con la actitud?, ¿con las habilidades y capacidades personales?, ¿con tu sala o lugar de trabajo?, ¿con lo que dices? o puede que ¿con el precio de tus consultas o servicios?. ¿Cómo saber si es realmente bueno lo que has hecho y dicho a esa persona?

¿Qué es lo que debo desarrollar en mi para asegurarme que lo haré bien?

¿Qué es lo realmente importante?

Los conocimientos técnicos son imprescindibles, una correcta actitud terapéutica, la atención plena, la empatía, una buena escucha, técnicas inmejorables y actualizadas permanentemente. Pero todo esto debe estar bañado en algo fundamental, sino no sirve de mucho.

¿Sabes cuál fue la primera cosa fundamental para ella? ¿lo qué le permitió confiar y abrirse completamente a hacer su proceso?

Desde el primer día lo pude escuchar en su feed-back muy claramente; se emocionó porque no lo había encontrado antes en otros profesionales.

Sin ello, mis conocimientos no le habrían servido de nada. Porque sin confianza no hay proceso.

La confianza determina la capacidad de realizar un proceso “conjuntamente”.

Y una vez establecida, la confianza debe ser íntegra. Tu actitud externa y tu actitud interna debe ser coherente. Sin esta coherencia la persona percibe falsedad y la confianza se rompe.

“Trabajamos con la vida de las personas. Con sus corazones y sus seres amados. Con  sus emociones y sueños profundos.

¿Qué le permitió confiar?

NO LA JUZGUÉ.

No quiero decir que silencié mi juicio y mi opinión de modo correcto y conveniente.

Quiero decir que no lo hice. Mi mente no lo hizo. Mi corazón no lo hizo. Mi sentir no lo hizo. Mi modo de ver, comprender la vida y las personas no dio lugar a ese juicio interno.

Quiero decir que realmente no lo hice.

Y ella lo percibió claramente. Y eso le permitió confiar.

Y entonces ocurre:

… cuando alguien confía en otro se abre, se desnuda, se arriesga, se atreve, escucha, no se defiende, no se justifica, no se protege, no calcula ni se esconde.

Se puede mirar a sí misma sin miedo y sin juzgarse porque puede observarse delante de ti con tu amor.

Y entonces la persona se abre, como un flor, y confía, e incluso puede elegir tomar lo que se le da, porque se siente en un buen lugar y segura.

Lo sutil es fundamental para una buena ayuda

Hoy recupero un libro que leí en una de mis formaciones, “Los órdenes de la ayuda”, de Bert Hellinger.

Es un libro sencillo e impactante, revelador, que invita a la reflexión.

Estos son algunos aspectos importantes que hoy, después de mi ejercicio profesional, puedo valorar con toda su importancia y reconocer que son realmente fundamentales:

EL DAR Y EL TOMAR TIENE LÍMITES

  • Sólo se da lo que se tiene.
  • Sólo se toma lo que se necesita.
  • Contención en el dar.

De nada sirve dar lo que no se te ha pedido.

De nada sirve dar en exceso; solo abruma y hace sentir frágil a la otra persona.

De nada sirve intentar salvarla de su propio destino y de ella misma. Es una fantasía irresponsable.

Todos estos tipos de intervenciones sólo hablan de la importancia de que revises tu propio modo de dar. Cuando estás dando demasiado, o lo que no te han pedido, la relación terapéutica no está “ordenada”. Otros la llamarían “invertida” o que estás proyectando tu historia en la persona que atiendes.

Cuando no respetas el límite en el dar el otro te está haciendo un servicio a ti. Le estás usando para tu necesidad.

Sólo podrás mostrar a alguien algo que tu ya has aprendido, que está dentro de ti realmente (¡¡es fundamental tu proceso personal real!!)

Y las personas tomaran aquello que necesitan, si se lo das de modo auténtico.

Y será fácil de este modo.

COLÓCATE DENTRO DEL ORDEN TERAPÉUTICO

  • Establece una relación de adultos iguales, responsables cada uno de su parte en la relación terapéutica.
  • No sustituyas a sus padres.
  • No tomes la responsabilidad de la persona.
  • No proyectes tus necesidades emocionales.
  • Actúa desde la comprensión y empatía sistémica.

Es imprescindible no ocupar su lugar, no dirigir su vida, no tomar su responsabilidad, pues se trata de su proceso y sólo la persona puede hacerlo para desarrollarse.

Pero, es igualmente necesario e importante tomar tu responsabilidad profesional en la intervención que haces y hacer un buen trabajo.

El enfoque sistémico, y una actitud consciente de comprensión y respeto profundo del entorno familiar de esa persona, te permiten no colocarte en las transferencias y proyecciones posibles en los roles paternos y maternos.

Sólo sin convertirte en sus padres podrás acompañarle mientras desarrolle su cambio.

Si la persona sigue buscando a mamá y papá, tu ayuda no es sustituirles sino mostrarle su búsqueda y dónde está su salida (que no es en ti, ¡¡seguro!!)

TRABAJA PARA LA RECONCILIACIÓN

“¡No pienso jamás abrazar a mi padre!”, me dijo una mujer. “Olga, si se trata de ello no quiero empezar.”

Muchas personas llegan casi asustadas… pero esta reconciliación no obliga a un reencuentro familiar. Es un proceso de comprensión interna, de pacificación.

La reconciliación de la que hablo permite que quien ha dañado se haga cargo de las consecuencias de sus actos, que sea responsable justamente con lo que hizo. En ocasiones las distancias externas son buenas y necesarias para algunas personas.

El perdón que desresponsabiliza no trae paz.

Es necesario trabajar para la paz interna desde la comprensión y el no juicio.

La actitud de no juzgar exige realmente de tu evolución personal. Allí es necesario haber llegado tú personalmente, dentro de tu corazón, para poder enseñarle cuál es el punto donde llegar.

  • No juzgarte a ti mismo.
  • No juzgar a los demás.
  • Pacificar la mente.
  • Pacificar el corazón.

Esta es la reconciliación.

¿Quieres que te acompañe?

En el enlace encontrarás el programa con el que te acompaño en tu proceso

Pincha aquí para acceder 

Me encantará compartir experiencias como clientes, y entre profesionales.

¿Qué es para ti lo imprescindible?

¿Qué te ha servido más en cada uno de los lados de la relación terapéutica?

Te escucho, ¡seguimos aprendiendo!