¿Cómo te enfrentas a las discusiones de pareja?

¿Te remangas y vas a por ellas en pie de guerra?

¿Intentas evitarlas a toda costa por no saber cómo actuar o por miedo a dañar la pareja?

¿Aceptas todo lo que te dicen, llegáis a acuerdos, o te empeñas sí o sí en llevar la razón?

¿Crees en aquello de “los que se pelean se desean” o por el contrario sueñas con una relación sin desavenencias?

Si cada persona es un mundo, el mundo pareja reúne una doble complejidad que con mayor o menor frecuencia encuentra conflictos, desacuerdos, discusiones, desavenencias.

Tal vez conozcas a alguna pareja que jamás discute. Pero eso no implica necesariamente que sea una “feliz pareja”.

Por supuesto en este artículo no te voy a animar a alegrarte cuando intuyas que se avecina un conflicto ni a hacer ningún tipo de apología de la discusión, pero sí quiero recordarte una realidad a la que prestamos poca atención, además de darte algunas claves para que podáis crecer como pareja a raíz de un momento de tensión.

APROVECHA PARA CONOCERTE Y CONOCER MEJOR A TU PAREJA.

La realidad  a la que no muchos prestan atención, es que los momentos de desencuentro también suponen una oportunidad de conocer mejor al otro, así como de situarnos frente a aquéllas cosas importantes que no queremos que se quebranten.

En la superficie, en lo que decimos o hacemos en un momento airado, puede no quedar muy claro el motivo real de la discusión.

¿Te suena?

Pero cuando discutimos, lo hacemos por algo que nos importa, por algo que realmente necesita atención y que tal vez no habríamos adivinado de no haberse dado la discusión.

Es por esto por lo que, bien gestionado, un momento de desencuentro nos puede hacer crecer como pareja,  desde el conocernos mejor, cuidarnos mejor, querernos mejor.

 

LA NO DISCUSIÓN NO DEBE SER TOMADA COMO SÍNTOMA DE SALUD EN LA PAREJA. 

Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos”- Sigmund Freud.

Las discusiones duelen, molestan, incluso pueden darnos miedo por su posible repercusión.

Pero es importante comprender que amar no es estar de acuerdo en todo. Y que no coincidir al milímetro en cada aspecto no significa ni que nos quieran menos, ni querer menos al otro.

Callar tu opinión,  dejar que la otra parte haga y deshaga, seguir sus deseos o “normas”  de manera sistemática, desde luego puede ayudarte a no discutir pero…

¿Estarías realmente entregándote o más bien entregando una versión de ti que crees que es la que se espera?

¿Cuánta honestidad estás aportando entonces a la pareja?

EL CÓMO Y EL CUANDO RESOLVER LA TENSIÓN SON LA CLAVE. 

Has tenido una discusión airada con tu pareja o algo ha sucedido que ha generado tensión.

¿Qué criterio sigues para elegir el momento de resolverlo? 

  1. Que pase el menor tiempo posible.
  2. Dejar pasar un tiempo, a ver si se disuelve solo.
  3. Estar tranquilos los dos, aunque sea días después.
  4. Esperar a ser capaces de ponernos en modo “somos un equipo”.

La trampa de apresurarnos en resolver la tensión.

Si bien tardar poco es resolver las tensiones es positivo, este no debería ser el criterio prioritario.

Es preferible buscar primero la capacidad de ambos de estar listos para hablar desde un lugar emocional que no sea el mismo que nos llevó ala tensión.

Si por darnos prisa en resolver la tensión, tratamos de resolver sin habernos calmado, será muy difícil que nos pongamos en el lugar del otro, que encontremos soluciones e incluso que podamos centrarnos en lo que de verdad queremos.

Tal vez has escuchado aquello de “Nunca te vayas a dormir enfadada o enfadado con tu pareja”, pero más vale sostener un poco la tensión que intentar remediar cuando no estamos preparados.

El tiempo por sí solo…  no todo lo cura.

Dejar pasar el tiempo permite que lo que dolió se quede dentro, despierto pero inactivo, listo para activarse exactamente igual cuando un nuevo detonante externo aparezca.

¿Realmente quieres que suceda eso?

Sostener la incomodidad unos días.

Estar tranquilo es positivo.

Si para ello es necesario esperar unos días, se puede hacer. Mejor no complicarlo más y esperar.

Pero durante esos días, ¿qué sucede en la relación?

Se sigue con la tensión de lo no resuelto presente.

Seguramente hay distancia, más frialdad o silencios de los habituales, soledad, superficialidad, miedo a una nueva discusión, tristeza…

El momento en que nos ponemos en “modo equipo».

Este es sin duda el mejor momento para resolver la tensión.

En este momento ya hemos conseguido dar dos pasos internos fundamentales:

1.-Salir del rol de víctima y dejar de culpar al otro de lo que te sucede.

Desengancharte emocionalmente de lo que se había activado dentro de ti.

2.-Volver a ver con claridad el presente, a tu pareja, y responsabilizaros por igual, ir juntos, ser dos adultos, además de salir de la confusión de proyecciones y espejos del pasado.

CÓMO LLEGAR AL MODO EQUIPO Y ENCONTRAR UNA SOLUCIÓN. 

1.-Identificar las emociones de fondo que nos llevan a la tensión.

Para ellos nos preguntamos: ¿qué me pasa en realidad? ¿Qué me molesta de esta situación? ¿Qué me duele en mi interior?

Es un momento de hacer introspección de manera individual, por separado.

2.-Desengancharse y despedirse de los “fantasmillas y comecocos internos” que nos siguen intentando mantener en el conflicto.

Es momento de preguntarse: «¿qué asuntos internos míos que no he resuelto estoy trayendo a esta discusión?»

3.-Darse un tiempo a cada uno para este este proceso, sin agobiar.

Quien está preparado antes, trata con amor al que aún está llegando.

Nos esforzamos por mantener el “no juicio” y no meter prisa.

Puede ser complejo, pero es momento de respetar procesos internos que llevan un tiempo.

4.-Acercarse de nuevo, con la humildad de pedir disculpas, soltar defensas, abrir los sentimientos y emociones de más profundidad con sinceridad.

Buscamos hacerlo en un espacio/tiempo de intimidad, sin prisa. En modo tranquilo.

Es un paso maravilloso por la fuerza del amor que abraza la vulnerabilidad del otro.

Es un espacio de amor y respeto absoluto.

Es un espacio para escuchar.

5.-Trazamos juntos un plan, una acción a realizar, algo a hacer distinto, dirigido a resolver.

Asumimos la responsabilidad compartida de que eso suceda y nos organizamos para que así sea.

Puede que estés pensando que este método requiere mucha templanza y mucho trabajo, pero… ¿acaso tu relación de pareja no merece este cuidado? 

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